23/12/08

La noche que Lorena se vio en el cine

Entre copas
Y sonrisas austeras
Nos contábamos nuestras miserias
Mientras esperábamos
La hora de la película.
Se veía desde la ventana del bar
algún que otro chico de pie
O recostado en los confortables sillones del hall del cine (en penumbra)
En el que vimos también lo que parecía ser
Un acceso a la boletería.
Lorena dijo de ir ya mismo hasta ahí,
Por las dudas que se agotaran las entradas.
Eso hicimos. Entramos al hall
Y nos dirigimos al supuesto acceso.
-Permiso-dijo Lorena con voz altanera-
A un chico que estaba conversando,
El joven desconcertado dio un paso al costado
Y Lorena dio uno hacia delante
Y justo cuando estrellaba su nariz
Se vio de pronto reflejada en el cristal.
Yo reí como reían los chicos, burlones,
Pero con cierta vergüenza propia y ajena.
Lorena estaba furiosa pero se le pasó no bien salimos del hall.
Esta anécdota, como todas, tiene su moraleja.
Un espejo jamás podría ser un acceso a boletería alguna,
Pero sí, tal vez, una salida.
Porque en el cine de la vida
Nunca se entra y se sale por la misma puerta,
Porque en el cine de la vida
ni se entra ni se sale por ninguna puerta.

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